jueves, 29 de mayo de 2014

PARA RE-LEER CRISTO 4 DE JULIO DE 2007




Queridos hermanos de mi humanidad terrestre, aquí ha llegado la hora de la verdad, pero ¿Qué es la verdad? ¿Un concepto?, ¿Una intuición? ¿Un sentimiento? La verdad es lo que es. Lo que es, es el amor infinito de toda vida. Sin verdad no hay mundo posible, no hay creación posible, no hay devenir posible. En cada uno de ustedes fluye la verdad, el amor. Solo los hábitos asumidos en el curso de vuestras múltiples peregrinaciones son un freno para la aparición de vuestro Ser de verdad. El que cuando aparezca, deviene vuestro manto de luz, vuestro hábito de transcendencia. En ningún momento les es posible usarlo mientras que la menor onza de juicio, tanto hacia ustedes mismos como hacia la creación, los habite.

Y todavía puedo confirmar que todo esto ya está presente en vosotros de toda eternidad, todo esto ya listo para iluminar vuestra vida y todas las vidas que ustedes rozan. Solo el juego de vuestra dimensión les impide revelar y develar vuestra luminiscencia. Vuestro sentir, incluso el más justo, no es la verdad pero mantiene su verdad y cada uno presenta su verdad que el defiende o justifica.

El amor de la verdad es la verdad del amor. Esta verdad es la pulsación de los universos, el enlace y aglutinante de toda vida y sin embargo es libertad, ella no conoce ningún vínculo. ¿Comprenden ustedes esto? El aglutinante de toda vida está en la ausencia de vínculo otro que vuestra divinidad única. ¿Paradoja dirán? No. Vuestra maestría es dejar ir, vuestra maestría es el abandono a la ley del amor, abandono a la voluntad de luz y de verdad en vosotros.

Cuán difícil es re-devenir como un niño, sin prejuicios, sin otro apego que el amor de toda vida. Esto era difícil ya que ahora vengo, con mis angeles y mi espada de verdad para liberarlos, sin embargo, si me dejan todo el lugar en vuestro corazón, para mí. Aquí es el momento del fuego y la hora de la luz azul, la que viene desde el centro de vuestro universo, allí donde quema el corazón ardiente de los Serafines. La fuente de cristal está en camino hacia vuestro corazón, hacia nuestra Tierra. La hora de los reencuentros, la hora de mi gracia finalmente ha llegado.

Ustedes que han suplicado y orado tanto el regreso de mi corazón divino, ustedes que han aumentado tanto vuestra vibración, respondo al llamado, respondo, también y sobre todo a aquellos que no me conocían aún, a aquellos que están confundidos y sin embargo me esperan. Vengo a revelar vuestro Cristo, vengo a consolarlos, a abrevarlos a vuestra Fuente, que es también la mía, la que, durante mi pasaje, he nombrado Abba, (Nde: padre en hebreo) que ustedes nombrarán también Abba.

La hora de nuestros reencuentros está allí, no tengan miedo, vengo como un amigo, vengo a cortar los últimos vínculos que los retienen prisioneros de vuestros miedos y de las limitaciones de la encarnación. Mi entrega es un acto de amor infinito, les doy mi paz, les doy mi gracia, ya que ustedes son esto.

Ustedes son más grandes que el más grande de vuestros sueños, son más luminosos que el más brillante de los soles, son amor más allá de vuestras verdades limitadas. Vuestra unidad está allí. Ella se revela en esta subida vibratoria sin precedente que viven actualmente y que no podrá nunca ya retroceder o entorpecerse ya que Abba (el padre) lo ha decidido así. La hora de la verdad es anunciada por mis ángeles de luz y por el manto azul de luz que va a recorrer vuestra Tierra y vuestros hombros.

¿Aceptan mi gracia? ¿Aceptan la verdad de vuestra luz? ¿Aceptan regresar en verdad? Sí, yo lo sé, las horas que vienen son majestuosas y solemnes. ¿Aceptan confiarme vuestros miedos, vuestros límites, a fin que los queme en mi corazón? ¿Aceptan crecer? ¿Aceptan devenir mis soles?

La hora de vuestra apertura suena, las trompetas se preparan a sonar, una revolución está en marcha, ella está acudiendo para darles a vuestras vidas su sentido el más noble, el más elevado.

Sean bendecidos queridos hermanos por responder a mi llamado, sean bendecidos por abrir vuestro templo a mi presencia que es vuestra presencia. Los amo y los bendigo

Cristo.